Los pilares de la economía 2026 y lo que significan para el ciudadano: Adolfo del Cueto Aramburu

La economía mundial afronta 2026 en una fase de transición: deja atrás los grandes desequilibrios de los últimos años y avanza hacia una normalización gradual. El escenario que se perfila combina crecimiento moderado, inflación todavía resistente y tipos de interés que podrían relajarse, pero sin una bajada brusca ni inmediata.

En este contexto, Adolfo del Cueto Aramburu, cofundador y CEO de Bulltick, analiza los principales factores que marcarán el año y cómo pueden trasladarse a la vida cotidiana: desde el coste de la financiación de familias y empresas hasta la evolución del empleo, la energía o el comportamiento de activos considerados refugio, como el oro.

La lectura de fondo es clara: 2026 no se presenta como un año de ruptura, sino como un ejercicio de ajuste fino, en el que los desequilibrios se corrigen a un ritmo desigual. El ciudadano, por tanto, convivirá con señales de mejora en algunos indicadores, pero también con persistencias que pueden seguir presionando el bolsillo.

Crecimiento global: la normalización continúa, con menos velocidad

La economía mundial mantiene una senda de expansión, aunque con un ritmo algo más lento que en el año previo. Para 2026, el crecimiento global se situaría en torno al 2,9%, apenas por debajo del 3,0% de 2025, prolongando la tendencia de desaceleración gradual tras el fuerte rebote posterior a la pandemia.

Este patrón tiene una interpretación práctica: el mundo crece, pero sin el impulso excepcional de los años de recuperación. Para las familias, esto suele traducirse en un entorno donde el consumo se vuelve más selectivo y donde ciertos sectores pueden experimentar menos dinamismo. Sobre todo, los que dependen de decisiones de gasto relevantes (automoción, vivienda, reformas o bienes duraderos).

Aun así, lo destacable del escenario es el carácter “ordenado” de la moderación. No se anticipa un frenazo abrupto como escenario central, sino un avance sostenido que permite planificar con más previsibilidad que en ciclos de alta volatilidad.

Estados Unidos: el motor que resiste mejor de lo esperado

Estados Unidos continúa siendo un pilar esencial del tablero macroeconómico. Para 2026, el riesgo de recesión se mantiene como un factor a vigilar, pero la probabilidad estimada se sitúa en torno al 30%, por debajo de niveles previos. En el escenario base, el PIB estadounidense podría crecer alrededor del 2,3%, por encima del crecimiento potencial aproximado de 1,8% en una economía madura.

Esta resiliencia se apoya en varios elementos: un consumo relativamente sólido, un mercado laboral que sigue mostrando estabilidad, unas condiciones financieras que podrían mejorar si se consolidan los recortes de tipos y una inversión creciente asociada a la innovación tecnológica, especialmente en el ámbito de la inteligencia artificial.

Para el ciudadano europeo, la evolución de Estados Unidos es relevante: influye en el clima financiero global, en el apetito por riesgo de los mercados y en la dirección de las principales variables monetarias.

Inflación: desciende, pero no al ritmo que a todos les gustaría

Uno de los elementos más sensibles para los hogares seguirá siendo la inflación. La previsión para 2026 sugiere que el objetivo del 2% que persiguen los bancos centrales no se alcanzaría de forma clara en el corto plazo, especialmente en Estados Unidos. De hecho, la inflación podría situarse en torno al 3,3% a mitad de año y aproximarse al 2,9% al cierre, todavía por encima de la meta.

Esta trayectoria tiene un efecto psicológico y real: aunque los precios suban menos, el ciudadano puede tardar en percibir alivio. Lo que pesa en el día a día no es solo que la inflación se modere, sino el nivel al que han quedado muchos bienes y servicios tras los incrementos acumulados.

Además, cuando la inflación baja lentamente, los bancos centrales tienden a mantener un enfoque prudente para evitar repuntes inesperados. Esa prudencia repercute directamente en el coste del crédito y, por tanto, en hipotecas, préstamos personales y financiación empresarial.

Tipos de interés: recortes posibles, pero con cautela y pausas

En 2025 se produjeron recortes de tipos en Estados Unidos a través de tres bajadas consecutivas de 25 puntos básicos, cerrando el año en torno al 3,75%. Para 2026, el escenario contemplaría una pausa prolongada durante los primeros meses. Siempre existirá la opción de retomar recortes a partir de mediados de año si la inflación y el empleo evolucionan de forma compatible con esa relajación.

Para el ciudadano, esto se traduce en un mensaje muy concreto: el crédito podría mejorar, pero no de manera inmediata ni uniforme. Las condiciones bancarias suelen tardar en reflejar los movimientos de tipos y, además, no todas las familias obtienen la misma oferta de financiación, ya que influye el perfil de riesgo, la estabilidad laboral, el endeudamiento previo y el valor de la garantía.

En la práctica, 2026 podría ser un año en el que muchas personas noten una ligera mejora en las condiciones de préstamo. Sobre todo, en refinanciaciones, pero sin un “cambio de era” de un mes para otro.

Empleo: estabilidad con cierto enfriamiento “saludable”

El mercado laboral estadounidense se mantiene cerca de lo que se considera pleno empleo. La estimación de referencia sitúa ese nivel óptimo alrededor del 4,2%, y la proyección para finales de 2026 se mueve cerca del 4,4%: un aumento leve, pero todavía por debajo del promedio de las últimas décadas.

Lo relevante es el matiz: este incremento se explicaría más por un menor ritmo de contratación y por el aumento de la población activa que por una oleada de despidos masivos. Esto encaja con una economía que se enfría de manera gradual, evitando tensiones excesivas y reduciendo presiones inflacionarias originadas por el mercado de trabajo.

Para el ciudadano, la lectura práctica es doble: por un lado, menos riesgo de sobrecalentamiento; por otro, un entorno algo más competitivo en algunos sectores, donde la creación de empleo podría perder intensidad.

Déficit y deuda: el equilibrio fiscal sigue siendo un desafío

La situación fiscal de Estados Unidos seguirá siendo un punto central. El déficit se situaría alrededor del 6% del PIB, con una deuda pública que supera el 100% del PIB, y con previsiones de mantener déficits en torno al 6,5% durante los próximos años.

Para un ciudadano de a pie, estos números parecen lejanos. No obstante, su impacto puede sentirse en forma de presión sobre los mercados de deuda, tensiones puntuales en el coste de financiación y sensibilidad ante episodios de incertidumbre. 

En términos simples: cuando una gran economía mantiene desequilibrios fiscales elevados, el mundo financiero presta más atención a la estabilidad de los tipos, al comportamiento del dólar y a la confianza inversora.

Dólar: estabilidad con ligera tendencia a corregir

Tras depreciarse alrededor de un 10% en 2025, el dólar podría mostrar en 2026 un comportamiento más estable, aunque con un sesgo bajista moderado, dentro de un rango aproximado de ±3%.

Esto importa al ciudadano por vías indirectas: el dólar influye en el precio de muchas materias primas, en ciertos bienes importados y en la dinámica de los flujos internacionales de inversión. También afecta a quienes viajan, compran productos denominados en dólares o invierten en activos con exposición a esa divisa.

Energía: petróleo a la baja por exceso de oferta

En el mercado energético, se proyecta un ajuste a la baja en el precio del petróleo debido a una sobreoferta global, con descensos estimados del 5 al 6%, aunque menos intensos que los registrados en 2025.

Para el ciudadano, un petróleo más barato tiende a aliviar costes de transporte y logística, y puede contribuir a que algunos precios se moderen. Sin embargo, el traslado no siempre es automático, ya que intervienen impuestos, márgenes y otros componentes del precio final.

Oro: refugio que mantiene atractivo en un mundo incierto

El oro podría prolongar su tendencia de fondo al alza, aunque con mayor equilibrio tras el fuerte avance del año anterior. Se contempla incluso la posibilidad de superar los 5.000 dólares por onza, con rangos potenciales en niveles superiores, impulsado por compras de bancos centrales, demanda institucional y un contexto donde la incertidumbre geopolítica y los rendimientos reales influyen en la búsqueda de refugio.

Para el ciudadano, el oro no es solo un activo financiero: funciona como termómetro emocional del mercado. Cuando crece el interés por el oro, suele reflejar cautela y búsqueda de estabilidad.

2026, un año de decisiones financieras más conscientes

Según la visión de del Cueto, 2026 será un año en el que los hogares podrán notar cierta mejora en el entorno financiero, pero sin euforia. Crecimiento moderado, inflación todavía persistente y tipos ajustándose con prudencia configuran un escenario donde la planificación vuelve a tener valor.

En la vida cotidiana, esto puede traducirse en un ciudadano más atento a las condiciones de financiación, a la evolución de precios clave (energía, alimentación, vivienda) y a la protección del ahorro frente a la inflación. Más que un año de giros dramáticos, 2026 se perfila como un ejercicio de matices, donde la estabilidad se construye poco a poco.

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